Opinión

El ego político y las primeras fallas del gobierno de Abelardo de la Espriella

En su primera semana, el gobierno de De la Espriella acumuló un empalme truncado, 273 muertos sin director de emergencias, una polémica diplomática y civiles heridos

gobierno De la Espriella

Una semana de errores que ya cuesta vidas

El 7 de agosto de 2026, Abelardo de la Espriella asumió la Presidencia de Colombia. En apenas una semana, una sucesión de decisiones y gestos ha revelado lo que muchos ya llaman “ego político”: la prioridad del espectáculo, el ajuste de cuentas y la postura ideológica sobre la gestión ordenada del Estado. El resultado es una administración que, en su estreno, ha acumulado errores verificables que cuestan vidas, credibilidad y tiempo.

El empalme roto: cuando la política le ganó a la ley

Semanas antes de la posesión, el 7 de julio, el entonces presidente electo publicó un mensaje en X a primera hora de la mañana ordenando al vicepresidente electo José Manuel Restrepo suspender de inmediato el empalme con el gobierno de Gustavo Petro. Lo calificó de “gobierno corrupto” que “pretende destruir a Colombia”. El equipo saliente anunció la misma suspensión horas después.

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El problema es que gobernar no empieza el día de la posesión: empieza en el empalme. La Ley 951 de 2005 establece obligaciones claras de entrega de información y actas de gestión. Detener las mesas no anula esa obligación, pero sí la dificulta gravemente. En lugar de un procedimiento institucional formal, el electo priorizó recorridos regionales presentados como “empalme territorial”, una figura que no tiene respaldo legal y que no sustituye el proceso oficial. Las consecuencias de esa decisión llegaron antes de lo esperado.

El terremoto, los muertos y un director que llegó 72 horas tarde

La madrugada del 10 de agosto, un terremoto de magnitud 7,4 con epicentro cerca de San José del Palmar (Chocó) sacudió el occidente del país. Al 13 de agosto, las cifras oficiales de la UNGRD reportaban al menos 273 muertos, cientos de desaparecidos y más de 3.800 heridos, con decenas de miles de familias afectadas.

La tragedia encontró al nuevo gobierno sin director en propiedad de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres. David Santiago Tamayo se posesionó el 11 o 12 de agosto —más de 72 horas después del sismo—. El propio director reconoció que hay recursos “pero apenas estoy llegando” en parte por la falta de un empalme oportuno. No es una acusación política: es la admisión del funcionario designado.

Mientras el país contaba muertos, el presidente De la Espriella llegó a su primera comparecencia pública saludando, sonriendo y lanzando besos al público como si estuviera en campaña. El vicepresidente Restrepo tuvo que intervenir en vivo para reclamar seriedad. Fue un momento incómodo, revelador y, sobre todo, innecesario.

Las “grandes noticias” que terminaron en civiles heridos

En medio de la emergencia, el presidente publicó videos anunciando “grandes noticias para Colombia”: operativos militares contra estructuras guerrilleras. El primero fue un bombardeo contra el ELN en el Catatumbo (Norte de Santander), que neutralizó a dos presuntos miembros del grupo armado pero dejó al menos tres campesinos heridos y generó desplazamientos, según la Defensoría del Pueblo.

Poco después, en Algeciras (Huila), disidencias atacaron un convoy militar: dos uniformados murieron y al menos una decena resultaron heridos. La retórica de la “gran noticia” chocó con la realidad del territorio. Gobernar la seguridad no es anunciar victorias en redes sociales: es asumir también las consecuencias.

El reconocimiento de los Altos del Golán: una declaración ideológica en medio de los escombros

El mismo 10 de agosto —el día del terremoto—, la Cancillería anunció el reconocimiento de la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán. Colombia se convirtió en el segundo país del mundo, después de Estados Unidos en 2019, en dar ese paso, rechazado por la abrumadora mayoría de la comunidad internacional y por resoluciones de la ONU.

El momento del anuncio no fue un detalle menor. Emitirlo el mismo día que el país contaba cuerpos entre los escombros del Chocó dijo más sobre las prioridades del nuevo gobierno que cualquier discurso de posesión. El rechazo no tardó: políticos colombianos y gobiernos de la región reaccionaron con dureza.

La ayuda internacional y el filtro ideológico

La gestión de la ayuda internacional reforzó la percepción de sesgo. El gobierno anunció que solo aceptaría equipos de búsqueda y rescate de cuatro países —Estados Unidos, El Salvador, Ecuador e Israel— que cumplieran ciertos estándares de certificación INSARAG. El Salvador envió toneladas de ayuda humanitaria.

México, cuyo equipo de rescatistas tiene amplia experiencia en desastres naturales, informó que el gobierno colombiano no aprobó el ingreso de su brigada de la Sedena por requisitos de certificación adicionales, aunque el equipo permaneció listo para actuar. La Cancillería negó exclusiones ideológicas, pero la selectividad y la demora alimentaron la crítica nacional e internacional.

The Economist y las dos Colombias

El 12 de agosto, The Economist publicó un análisis contundente: el sismo reveló “dos Colombias” muy distintas en capacidad de respuesta y cuestionó las decisiones tempranas del nuevo mandatario, incluyendo la idea de descentralizar la operación presidencial. No es un medio de izquierda. No es una bodega del establecimiento. Es una de las publicaciones de análisis político más respetadas del mundo.

Que la primera semana de un gobierno colombiano merezca ese tipo de cobertura crítica no es un logro: es una señal de alarma.

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El ego político ya cobró su primera cuota

Gobernar no es una extensión de la campaña ni un ajuste de cuentas permanente. El empalme no es un favor al gobierno saliente: es una obligación legal. La respuesta a una catástrofe no admite sonrisas de alfombra roja ni anuncios de “gran noticia” que terminan en civiles heridos. El reconocimiento unilateral de territorios ocupados y la selectividad en la ayuda internacional no son gestos de soberanía cuando se hacen en medio de escombros.

En apenas siete días, el gobierno de De la Espriella acumuló un empalme truncado, un director de emergencias que llegó tarde, una declaración diplomática polémica, operativos militares con daños colaterales civiles y una comparecencia pública que su propio vicepresidente tuvo que corregir en vivo.

Si este ritmo de errores de juicio, priorización del espectáculo y polarización se mantiene, la pregunta no es si el gobierno resistirá cuatro años. La pregunta es a qué costo para el país. El ego político ya cobró su primera cuota. Las próximas semanas dirán si el presidente decide gobernar o seguir haciendo campaña.


Referencias

  • La Sexta. (2026). Colombia: el nuevo director de la UNGRD reconoce que los recursos “apenas están llegando”. lasexta.com
  • El País. (2026). El primer bombardeo del gobierno De la Espriella deja campesinos heridos en el Catatumbo. elpais.com
  • El Imparcial. (2026). Colombia rechaza ayuda de México tras el terremoto del Chocó. elimparcial.com
  • Infobae Colombia. (2026). The Economist cuestiona las decisiones del nuevo gobierno colombiano tras el terremoto. infobae.com

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